Con este montaje fotográfico he intentado transmitir una serie de críticas simbólicas sobre un tema que sigue manteniendo en nuestros días un enorme poder.
Por un lado, podemos apreciar una especie de metamorfosis entre la clásica imagen de Cristo crucificado y lo que podría ser el Dios de nuestros días: un televisor; cuya capacidad de absorción y alcance llega a ser tomada casi como dogma de fe.
Bajo esta figura, encontramos una serie de señores que alardean de humildad, generosidad y humanidad en sus plegarias y oratorias, mientras beben en cálices de plata, en lo que es ''la casa del señor'', lujosa y desmedida en cuanto a bienes materiales. Sin embargo, una pequeña tercermundista tiene suerte por poder comer algo con sus manos, ante los ojos del que ''todo lo ve''; quedando ciego ante una manifestación de miseria tan evidente y fuerte.
Podíamos sintetizarlo todo alrededor de una idea: el egoísmo y avaricia de una Iglesia que, como institución, se rinde ante sus propias mentiras y manipulaciones enriquecedoras.

Samuel Domínguez. 2ºA
AdRi — 17-04-2006 09:50:53
Macias — 17-04-2006 10:04:49